jueves, 20 de enero de 2011

Lo siento por no pedirte perdon

Ninguna palabra describiría mejor mi condición que dispuesta, la disposición de mi persona se orientó a quererte a ti, a darlo todo por ti.
Pasaste a ser el morbo de la autolesión que me producía estar contigo, a adorar cada parte de tu cuerpo.
Estaba dispuesta a dar, todo lo que por mi parte podría darte, a ser cualquier de de tus platos, aunque fuera el último y te lo comieras con desgana. El que está allí arriba o quien sea quien controla el equilibrio natural de las cosas, me envió la misión de cuidarte.
Lo que intenté darte no era más que un flujo de amor que poseía muy dentro, la energía que corría por mi cuerpo, porque tú te convertiste en el destinatario, el mar donde desembocaban mis aguas.
Y así podrían haber fluido las cosas, pero creo que la naturaleza es bastante sabia y reequilibra sus errores a través de catástrofes, y así, mis aguas se volvieron turbulentas. Pero tú miraste a otro lado cuando canalizaban mal; y empezaste con empaparte y acabaste ahogado.
Supongo que la madre naturaleza pensó que llegó la hora de que cada uno siguiera su camino. He luchado como nunca para reorientar mis aguas y combatir con la sequía con la que me dejaste; y no hay día que pase que no agradezca haber ganado tanto al perderte.
Sé que te mereces mil y una disculpas, pero aunque me duela, no renegaré de mi misma de nuevo para dártelas. Intenté encerrar lo que sentía en tus frascos de rutina pero lo hice sin pensar que quizá algo tan grande no iba a caber dentro del patrón de amor que me ofreciste. Aún así lo inyecté con tal fuerza y de manera tan violenta, que se acabaron revelando contra ti.
Por eso soy incapaz de disculparme, no puedo pedirle perdón a alguien por haberle querido con tanta fuerza, porque eso implicaría volverme a culpar a mí por amar desmedidamente.
Y yo amo el amor más que lo que te pude amar a ti o a mi misma, por eso nunca más me cuestionare si hago mal en no ponerle límites, ni me castigaré por aliñarlo de locura, porque así me lo como yo a gusto, y sólo así, se convierte en mi plato favorito.

martes, 11 de enero de 2011

real love

Creo que me ha pasado algo similar a lo que pasa con las películas americanas para adolescentes, pero al estilo español. La trama de todas esas gira entorno una protagonista que se va llevando palos porque su amor, el popular del instituto no resultó ser quien creía que era o quien necesitaba que fuera. Pero al final la Nancy (por llamarle de alguna manera) se acaba dando cuenta que el pringao de turno, su amigo incondicional de siempre, resulta ser el amor de su vida.
Pues bien, en mi caso nunca he tenido ningún amigo incondicional al que aferrarme, porque ese resulto ser marica. Pero un día me di cuenta que si había alguien que me esperaba, y con un poco sutileza se acercó a sonreírme tímidamente. Entendí por fin ese hormigueo que siente uno al enamorarse. Sí, ella siempre había estado a mi lado y ese día se me aceleró el corazón al mirarla: era mi vida y estaba más radiante que nunca.