martes, 30 de noviembre de 2010

MI ANTÍPODA

Según mi madre, todos tenemos en nuestras antípodas un ser que es exacto a nosotros y que ocupa siempre en el globo un lugar diametralmente opuesto al nuestro (si no, no sería antípoda). Me contaba mi madre que este ser anda, duerme y sufre al mismo tiempo que una porque es nuestro doble y piensa siempre lo mismo que nosotras pensamos y al mismo tiempo. Al parecer, en épocas remotas algunos aventureros viajaron en busca de su doble, pero nunca llegaron a verlo porque el doble se desplazaba al mismo tiempo que ellos para no perder su posición simétrica en el globo, pero también porque el doble había tenido la misma idea y se había puesto a viajar en busca del otro al mismo tiempo.

(…) Sé que no volveré a casa porque esta tarde ha venido a visitarme mi antípoda, y cuando sucede algo tan raro, cuando un equilibrio necesario se rompe de ese modo, es porque nos vamos a morir.

sábado, 27 de noviembre de 2010

Me enamoré del aire

Me enamore del aire, me enamore de que recorriera cada rincón de mi cuerpo con tan solo su presencia, me enamore de su libertad, de su fuerza, de su espíritu, me enamore de que me volviera a hacer sentir viva, cuando yo me agobiaba el calor. Me enamore de lo imprevisible, de la nostalgia que me producía su ausencia y de la vitalidad que me daba sentirlo.
Me di cuenta que lo esperaba, que si percibía que venia, me alegraba, que si se iba, suspiraba.
Empecé a pensar que estaría haciendo cuando no estaba conmigo.
Sabía que no era la única que tenía el aire, pero temía no ser la única que lo sintiera, temí que el aire trajera frío, me asustó su fuerza.
Me entristecí porque le necesitaba…
Si le abrazaba..¿Como sabía si el aire me percibía? Siempre le tuve, pero nunca le poseí. Como le iba a pedir al aire que se quedara conmigo? Como iba a saber si sentía mis abrazos? Pero lo peor.. ¿Como le podía decir que se fuera?
Las dudas colapsaban mis sentimientos, Pensar que no me podía ir con el aire hacía que mi corazón latiera con más fuerza, sin rumbo, rebotando por mi cuerpo, golpeándose en todos esos rincones que no le dejaban salir de allí e irse con él.
La locura estaba acabando conmigo, y cuando no pude más, le dije al aire que no volviera…
Ahora mi corazón reposa tranquilo porque dice que no sabe respirar sin aire.



Nosekedia del 2007